miércoles, 26 de enero de 2011

Capitulo 40


David no encuentra la paz. No puede vivir sin Sebastián. Su hermano esperaba que con el pasar de los días David reaccionara y entendiera que tiene que vivir, que Sebastián no volverá y que al torero no le gustaría verlo hundido pero a David lo único que le importa es que el amor de su vida no está. Los días van pasando lentamente pero su tristeza no desaparece. Su hermano decide que ya es hora de acudir a un profesional. David no se mueve de su habitación pero accede a que lo vea un doctor y medicarse. Lo que le interesa es dormir:
--pero que no sueñe. Almenos que descanse de noche –dice atormentado.
Comienza con los antidepresivos, pastillas para dormir, también para no soñar. Le da miedo que se repita un sueño como el que tuvo y que lo angustie aún más. Quiere dormir durante todo el día, para David es terrible estar vivo y saber que nunca más volverá a estar con Sebastián. Lo único que ha pedido es que le impriman una de las fotos del torero y se la enmarquen. Así no se siente tan solo. La ha puesto en su mesita de noche, tumbado en la cama la ve. Llora. Por supuesto sigue como siempre bien visible en la habitación ese poster en el que el guapísimo torero muestra su belleza genital. David siente como si su amado le hubiera abandonado. No entiende porqué no se lo ha llevado con él. No entiende porque el torero tuvo que morir víctima de un toro y no en un accidente muriendo los dos juntos. No quiere estar vivo sin su amado. Lucas, Emilio jr, los empleados, todo el mundo es muy amable y compasivo. David siempre les grita e insulta cuando entran en su habitación.
--¡A VER SI ME DEJAN EN PAZ DE UNA PUTA VEZ¡ ¿¡PARA QUÉ MIERDA ENTRAN¡?
Mira la foto de su amado. La acaricia y llora.
--dame fuerzas, mi amor, dame muchas fuerzas para poder sobrevivir ahora que ya no estás. Y es que no puedo vivir sin ti. Si no me ayudas no saldré adelante. Ayúdame a morir, llevame contigo.
David cada día está peor.



Mientras, ajeno al mundo, Sebastián ya tiene el alta. Vive encarcelado en una casita en el campo que Marisol ha alquilado y mantiene con el dinero que le está robando al torero. Sebastián se siente muy débil. No imagina que es por las pastillas que le da Marisol que no sólo borran sus recuerdos sino que lo dejan débil para que él no pregunte porqué tiene que tomar pastillas, para qué se sienta enfermo y no quiera salir de ese mundo que ella ha inventado. Marisol siempre le habla de los felices que fueron pero él siente un vacío, siente que le falta algo. Marisol siente una fuerte atracción sexual hacia el torero y lo que más desea es acostarse con él para sentir que ha ganado del todo. Sonríe pensando en lo mal que lo debe estar pasando David mientras ella besa y acaricia al torero. Se le sienta en las piernas, mete la mano por debajo del jersey. Él siente el deseo de la mujer pero no el suyo. No le apetece acostarse con ella. No se siente mínimamente excitado. Se levanta para apartar a la mujer de él.
--No, ahora no.
Ella se muestra apasionada.
--Estamos casados y hacer el amor seguro que te ayudará a recordar. Antes no podías estar ni un solo día sin acostarse conmigo. Lo hacíamos mínimo dos veces al día, eras tan apasionado.
--¿en serio? –pregunta él aturdido.
--déjate llevar, deja que yo saque la bestia sexual que llevas dentro –dice ella acariciándolo sensualmente.
Marisol va tocando nuevamente al torero para tratar de excitarlo. Le va bajando los pantalones. Ella está muy caliente y él en cambio tenso y sobre todo muy frío. No siente todo ese amor que ella dice que se tenían y eso aumenta la angustia de él, su desesperación. Marisol mete la mano por dentro del bóxers, va tocando para animar a Sebastián pero aquello en vez de crecer parece que disminuya. A Sebastián le incomoda mucho que la mujer le esté tocando algo tan íntimo. Se sube los pantalones.
--No sigas, por favor –le suplica.
Pero Marisol ha llegado muy lejos, ha hecho desaparecer al torero del mapa, aislarlo del mundo, tenerlo solo para ella pero de nada le sirve sino puede apagar todo ese fuego que la consume. Se ha sentido despreciada por él y eso sólo se le va a borrar si se acuesta con él. Ya que por el lado del deseo no le funciona, Marisol prueba por el lado de la compasión. Lo abraza por la espalda.
--un hijo, necesito un hijo. Me siento muerta y necesito un hijo tuyo para compensar el que perdimos. Me lo prometiste. Queríamos tener muchos niños.
Él se gira. Se muestra cariñoso con ella. La acaricia, la besa aunque sus besos y sus caricias son fraternales.
--tendremos ese hijo pero espera que yo me recupere, que trabaje ¿de qué vamos a vivir sino?
--Yo tengo la herencia de mis padres. No necesitamos más. Tu sueño era venir a vivir aquí, tener una casa en el campo como esta, cultivar la tierra.
--pero ¿y yo? Tengo que trabajar.
Aunque todo lo está pagando con el dinero que ha ganado el torero, Marisol le hace sentir un mantenido para tenerlo aún más dominado. Se muestra afectuosa.
--Estás demasiado débil. Seguro que si sales de la casa te mareas y te caes. No quiero que te pase nada.
Sebastián no sabe que es por las pastillas que le da la mujer pero siente un malestar general, una debilidad que hace que tenga miedo a salir del dominio de la mujer. Ella sigue tratando de seducirlo, le quiere bajar los pantalones de nuevo pero él no se lo permite.
--ya te he dicho que no –dice él incómodo.
Pero ella no se rinde.
--Vamos a la cama. Los dos desnudos, seguro que con mi calor tu cuerpo se vuelve a poner a tono.
Él la mira serio. No sospecha que lo que le pasa es que le gustan los hombres pero sí que le pasa algo.
--¿no ves que no puedo? Dame tiempo.
Ella se muestra comprensiva aunque le fastidia y mucho la negativa del guapísimo hombre.
--cierto, no debes estar recuperado del todo.
Ella prefiere pensar que él sufre impotencia temporal y no que es porque no le gustan las mujeres. Está segura que ahora que no está David todo será como antes. Ella lo abraza con fuerza. Él se aferra a ella. Se traga sus lágrimas. Se siente como un niño, lleno de miedos, indefenso.


Justo al día siguiente, Emilio padre es dado de alta. Camina con bastón. Marc está a su lado. Emilio ha vivido un sueño estando al lado de su amado aunque sea sólo como amigos. Emilio no se preocupa de nada. No tiene ganas de ver a David porque no quiere despertar del sueño que ha vivido. Marc tampoco le dice nada porque lo que quiere es que esté tranquilo. Marc lo ayuda a acostarse en su cama. Viejas heridas se han vuelto a abrir, se tratan con mucho cariño.
--Gracias por todo –dice Emilio.
Se sonríen, se besan y se dejan llevar. Cierran los ojos y a ambos les parece que vuelven a tener 20 años. Hacen el amor después de 30 años. Han cambiado ellos pero no su amor. Marc es el activo, Emilio llora en sus brazos. Se ha cumplido su sueño. No puede creer que al fin, después de 30 años, vuelva a ser feliz. Después del placer, Emilio reposa sobre el pecho de Marc. Pasaría mil veces por su accidente con tal de llegar a ese momento. Besa el torso desnudo de su amado, le quiere hablar de sus sentimientos, saber qué tipo de relación tienen. Marc le va acariciando la cabeza. Ama a ese hombre pero no se siente preparado para tener una relación con él. Es muy dulce con Emilio.
--No hables. Acabas de salir del hospital, tienes que descansar. No debimos hacer esto.
Emilio lo mira preocupado:
--¿no me digas que te arrepientes?
Marc lo besa.
--No, no me arrepiento pero no sé si es lo que el doctor entiende como descansar –dice Marc pícaro.
Emilio sonríe feliz. Se queda dormido tranquilo junto a su amado. Marc sale de la cama. Está desnudo, busca el bóxers. Lo lleva en la mano cuando Rachid entra por la terraza. Al chico le da mucha rabia ver a Marc desnudo y a Emilio durmiendo. Marc se pone los calzoncillos. Mira a Rachid sorprendido.
--¿quién eres tú?¿porqué has entrado así?
Rachid habla como un amante despechado:
--¡Yo era el amante de Emilio hasta que tú apareciste¡ ¡¡ya veo porque me dejó¡
Marc mira a ese joven de la edad de su sobrino, de la edad del hijo pequeño de Emilio y no puede creer que Emilio se haya acostado con él. Rachid se da cuenta que ha salió definitivamente de la vida de Emilio y le da mucha bronca.
--así que al final se acostó contigo, Marc ¿y qué hizo con tu marido?
--¿¡cómo sabes de mí? –Marc incrédulo.
--Emilio te puso un investigador privado, a saber qué habrá hecho para meterte en su cama.
Las palabras de Rachid crean muchas dudas en Marc que no quiere creer que Emilio tenga algo que ocultar.
--¡Eso no es cierto¡
--Bueno, Marc, allá tú si no me crees.
Rachid se va tranquilo sabiendo que ha sembrado la semilla de la duda en Marc. Marc se viste preocupado. Baja al despacho de Emilio, empieza a buscar algo que le indique que Rachid dice la verdad.
--¡yo conozco todos sus documentos, no puedo creer en lo
que dice ese niño que seguro que ni es cierto que fue su amante. Emilio no puede haber hecho algo así¡
Pero el que Rachid sepa su nombre, que era casado le hace dudar. Recuerda un cajón que siempre está bajo llave y nunca le han permitido abrir. Rompe el cerrojo con unas tijeras. No encuentra nada. Ya iba a cerrarlo arrepentido por haber dudado de Emilio cuando se da cuenta de una carpeta que parece escondida bajo un montón de papeles. Ahí está su expediente, todo lo que el investigador descubrió de él pero lo que le deja verdaderamente impactado es descubrir que Emilio es el dueño de la empresa en la que trabajaba y cuyo despido fue el inicio de su calvario. Ese descubrimiento le atormenta, le crean muchas dudas, muchas preguntas.

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